Capítulo 6. Laura

1977

¡Qué guapo es! ¡Tan seguro de sí mismo! “De buena familia”… dice mi vecina. “Que sea buena persona, eso es lo que importa”… dice mi madre. Y es verdad, aunque debo admitir que me vuelve loca que sea tan atractivo y decidido.

Fue en las fiestas de Santiago. Amor a primera vista. Yo pensaba que eso de los flechazos eran cuentos… Tan moreno, melena ondulada, camisa blanca… Bailaba bien, me cantaba al oido… Imposible resistirse.

Estos meses han sido maravillosos. Tan delicado, tan cariñoso… Me hace sentir tan especial… Qué bonito fue el encuentro de la otra noche. Nuestra primera vez. Supo exactamente lo que quería, mejor que yo misma… Aunque claro, con cinco años más que yo, y siendo hombre, habrá tenido cientos de experiencias sexuales… Según dice, nunca había sentido lo que siente por mí. Ojalá sea cierto, aunque asuste un poco… La gente ya espera nuestro compromiso, y yo tengo tantos planes… Soy muy joven todavía, así que nada de prisas, con calma.

“Estudiar sirve para aprender, para crecer, para enfrentar problemas, para mejorar la autoestima, para tomar decisiones, para vivir, para ser libres…” Algo así decía siempre mi querida maestra Natividad. Me dio el mejor ejemplo que podía tener. Ella y mi madre son mis grandes heroínas. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin ellas? Aunque en realidad, me pregunto… ¿Qué sería de este mundo sin las mujeres? Es más… ¿Qué serían las mujeres sin el sometimiento de los varones? Pues serían astronautas, científicas, pintoras, escritoras, arquitectas, políticas… ¿Por qué no se espera eso de nosotras? ¿Por qué nuestro futuro va asociado a conseguir un buen marido y cuidar de la familia?

Amo mi tierra, mi casa, mi mar. Pero quiero crecer. Quiero estudiar. Quiero ser independiente. Aunque si me voy a la capital… ¿Quién ayudará a mamá con la costura? ¿Y qué será de los niños a los que ayudo a estudiar? Sin apoyo, acabarán en pocos meses en el campo, recogiendo fruta… Sí. He de tomar partido, precísamente por ellos. Como Nati.

Papá. Ay, papá, cuánto te echo de menos. A pesar de que nunca te conocí, sé tanto de tí a través de los ojos de mamá… Si estuvieras aquí, cuidarías de ella. Os cuidaríais el uno al otro. Y yo podría volar sin que me doliera el corazón cada vez que pienso en ello. Mamá y yo leemos tus poemas casi todos los días. Me gusta crear, como a tí, papá. Quiero pintar, tejer, esculpir, enseñar… El arte nunca ha tenido el valor y la dignidad que merece. Hay tanto que hacer para cambiar eso… Aunque yo sólo pueda poner un granito de arena… merecerá la pena.

_ Hola señorita, me alegra verla. ¿Aviso al patrón de que está usted aquí?

_ No, José. Es pronto y todavía tendrá trabajo. Le espero aquí. Hace un día precioso. Por cierto, te he dicho muchas veces que soy Laura, por favor, no “señorita”. Somos vecinos, por dios…

_ Perdona, Laura. Lo tendré en cuenta. Bueno, me marcho a Almería, que nos hacen falta abonos. Un saludo a tu madre…  ¡Hasta pronto!

_ De tu parte, José ¡Buenas tardes!

Qué día más claro. Qué maravilloso está el campo. Voy a sentarme aquí mismo, junto a esta higuera. Hay un buen trecho desde el pueblo hasta aquí, pero me apetecía tanto pasear por el campo…

_ ¡Tú! ¡Inútil! ¿No ves que cogiendo así el fruto, lo dañas? ¿Cuántas veces hay que decírtelo? Venga, fuera de aquí. La próxima vez, vas a la puta calle, asqueroso negro. Sois todos un atajo de vagos, joder.

_ Buenas tardes. Diga patrón. ¿Qué necesita?

_ ¿Dónde te habías metido, enano? ¡Hace media hora que te mandé llamar! Necesito que me escuches atentamente. ¿Queda alguien aquí?

_ No, patrón, ya se fueron todos. Al último lo ha echado usted. Estamos solos.

_ Muy bien. Pues óyeme bien. El flaco… ¿pagó por fin?

_ No, no señor. Después de varias prórrogas, aún no pagó.

_ ¡Hijo de puta! ¡Me cago en sus muertos! Me debe dinero, me quita el negocio… ¡Éste se ríe en mi puta jeta! ¡Se va a arrepentir!

_ ¿Le digo que es el último plazo, patrón?

_ ¿El último? Nada de eso. Pártele la crisma, y el alma. ¡Dale una paliza que no se le olvide jamás! Y cada semana de atraso, haces lo mismo con cada uno de sus hijos, que ya son hombres hechos y derechos, tan soberbios como su padre. Se van a enterar de quién manda aquí.

_ Vale patrón, pero van a sospechar que tenemos algo que ver…

_ ¿Cómo dices? No te he oído bien… ¿No teníamos un acuerdo, tu y yo?

_ Sí, patrón. Perdón.

_ Ah, pensaba…

¡Dios mío! ¡No puedo creer lo que he oído! ¿Quién es este Juan? ¡Un verdadero monstruo! ¡Un auténtico asesino! ¡Es terrible! No le reconozco. ¿Cómo he estado tan ciega? Oh… No puedo respirar… Tengo que calmarme, tengo que tragarme esta pena y este miedo, o me van a oir… ¡Qué horror! Que no me vean, por favor…he de salir de aquí y llegar al camino. Pararé a alguien que vaya hacia el pueblo. Todavía no puedo creerlo… Tengo que avisar a la policía. Dios, no puede ser, no puede ser…

_ Hola, buenas noches. ¿Cómo está usted, Elena?

_ Bien, Juan. Todo bien. ¿Y tú?

_ Pues venía a ver si está Laura. Habíamos quedado en el invernadero… no ha venido.

_ Sí, está en su cuarto. Ha llegado descompuesta, con una jaqueca horrible, y se ha metido en la cama. Me ha dicho que no quería cenar y que no estaba para nada, ni para nadie. Le he comentado si llamaba al médico, pero me ha insistido en que sólo quiere estar sola.

_ Vaya… ¿Puedo subir a verla?

_ Pues Juan, muchacho, creo que es mejor que la dejemos descansar. Cuando esté mejor, yo le digo que has venido.

_ De acuerdo… Está bien. Si necesitan algo, por favor, cualquier cosa, no dude en llamarme.

_ Claro. Muy amable, Juan. Vete tranquilo. No será nada.

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Feliz día de las mujeres.

Autora: annacarrera.com

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