Capítulo 3. Makena

1997

¡Vaya! Esa es Sura, que llora otra vez. ¿Cómo se puede traer a una niña tan pequeña a este lugar? Voy a ver si la calmo. Esta mañana parecía confiar en mí.

Makena, duérmete. Mañana te espera una dura jornada de trabajo. Por más que lo intento, y a pesar del cansancio, no consigo dormir. Somos tantas aquí dentro… Promesas y más promesas. La próxima temporada tendréis mejores alojamientos… el año que viene habrá un baño en cada casa… Mentira, todo mentira, como siempre.

_ Hola, pequeña Sura. ¿Qué te pasa, preciosa?

_ Mi mamá no viene. Tengo miedo. Me ha dicho que salía un momento, pero tarda mucho.

_ No te preocupes. Seguro que viene enseguida. Me quedo contigo hasta que vuelva. ¿Te gustan los cuentos? ¿Quieres oir uno que me contaba mi madre?

_ Vale. Gracias.

_ Muy bien. Pues dime cuál es tu animal favorito.

_ La jirafa me gusta mucho.

_ ¿Ah, si? Pues mi mamá me contaba un cuento sobre la jirafa…

Hace mucho, mucho tiempo, las jirafas no tenían cuellos largos. ¿Quieres saber cómo consiguieron tener los cuellos más largos de todas las criaturas de la naturaleza? Esta es la historia que ocurrió hace muchos, muchos años en la sabana africana.

Un día, una jirafa caminaba tocándose el estómago. Se veía triste.

Entonces, León, que pasaba por allí, le dice: ¡Jirafa! ¿Qué te pasa?

Y Jirafa contesta: Me duele la barriga.

Mono, que acababa de llegar, añade: a mi me han dicho que, para el dolor de barriga, lo mejor es comer miel. En ese tronco hay una miel muy buena. Yo la he probado.

Jirafa mete su cabeza dentro del tronco de un árbol y dice:  mmm… ¡esta miel es deliciosa! Realmente deliciosa, no puedo dejar de saborearla. ¡Oh! ¡Nooo! Estoy atascada. ¡Socorroooo! ¡Que alguien me ayude! ¡Por favoooor!

León y Mono intentan sacar a Jirafa del árbol. Venga, los dos a la vez. Uno y dos y tres…. ¡tira!

Pero León y Mono no pueden sacar jirafas de los árboles.

Llega Elefante, y Mono le dice: ¡Elefante! ¿Puedes ayudarnos por favor?

Elefante contesta dispuesto: ¡Por supuesto! Me encanta ayudar.

León dice: uno y dos y tres… ¡tira!

Pero León, Mono y Elefante no pueden sacar jirafas de los árboles.

Entonces, llega Antílope, y Elefante dice: ¡Antílope! ¿Puedes ayudarnos por favor?

Antílope contesta: ¡Por supuesto!

Y León vuelve a decir: uno y dos y tres… ¡tira!

Los animales tiran y tiran y, por fin, logran liberar a Jirafa del árbol.

Jirafa dice, agotada: gracias, amigos, de no ser por vosotros, me hubiera quedado para siempre ahí dentro.

Todos los animales responden: ¡De nada! Estamos para ayudarnos.

Entonces, Antílope exclama con cara de sorpresa: chicos mirad, ¿qué le ha pasado al cuello de Jirafa?

Elefante asiente: ¡Oh! ¡Es verdad! Su cuello se ha alargado muuucho.

Y Mono pregunta: Jirafa, ¿te encuentras bien?

Jirafa dice, convencida: me siento estupendamente, ¿por qué iba a encontrarme mal?

León explica: es que…. tu cuello… tu cuello… ¡Es muy raro!

Jirafa insiste: Pues me siento fenomenal, y además, me ha entrado más hambre.

Jirafa va hacia el árbol y comienza a comer hojas de la parte superior. Al ver que llega a lo más alto, dice entusiasmada: ¿Habéis visto esto? ¡Ahora puedo comerme las hojas de la copa de los árboles!

Mono exclama: ¡Oh! ¡Es increíble!

León sigue: ¡Es genial!

Elefante comenta: ¡Tu cuello llega más alto que mi trompa!

Y también Antílope: me encanta tu nuevo cuello.

Al cabo de un tiempo, Jirafa formó una familia y tuvo pequeñas jirafas que nacieron con el cuello largo, y éstas, a su vez, tuvieron otras jirafas, que también nacieron con el cuello largo. Desde entonces, nadie ha vuelto a ver una jirafa con el cuello corto nunca más, en ninguna parte del mundo.

Parece que se ha calmado. Sonríe. Se duerme…

_ Hola, le he contado un cuento a Sura porque te echaba de menos. 

_ Muchas gracias, Makena. He ido al baño y también he traído tila. ¿Te apetece? Sí, parece que ya está dormida ¿Vamos al porche?

_ Claro. Una tila nos vendrá bien.

_ Pobrecita, qué pena me da que tenga que estar aquí, en esta chabola. Mi hermana cuidaba de ella, pero ha tenido que volver a Senegal porque mi padre ha enfermado.

_ Lo siento. Cuenta conmigo para lo que necesites. Es una niña tan dulce.

_ Llegamos a Pueblo Blanco con tanta esperanza. Promesas de un trabajo en el campo, un buen salario, una casa… Y míranos, parece que las cosas no dejan de empeorar. 

_ No te preocupes. Encontraremos la forma de salir adelante. Me han hablado de alguien que ayuda a migrantes en San Isidro. Mañana voy a ir a ver qué puedo averiguar.

Autora: annacarrera.com

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