El secreto de aburrir(se)

Voy a escribir un rato. Idea random. ¿Aburrirse no es de lo peor que hay? No saber estar ocioso, tener que reinventar y reinventarse. No querer aburrirse, y aburrir. Cuando lo contamos todo, aburrimos. Cuando no contamos, aburrimos. Qué difícil es resultar siempre interesante, y qué difícil mostrar siempre interés.

¿Cómo tener la capacidad de equilibrar la tolerancia y el aburrimiento? Quien se aburre… ¿No se conforma? ¿No sabe ser feliz? Si como pensaba Schopenhauer (o pensó alguna vez), la vida oscila entre el dolor y el hastío, poco espacio quedaría para ese ansiado equilibrio.

Alguien apuntó que vivir satisfecho de uno mismo es muy aburrido, por eso no hay mejor cosa que meterse en aventuras. Si la inteligencia es lo que uso cuando no sé qué hacer, el aburrimiento debe de ser la semilla de la experiencia.

¿Qué es el aburrimiento? ¿Un estado, una emoción, una actitud? Tan trivial como un bostezo, y al tiempo, tan complejo y existencial. Poco hay que pensar para encontrar referencias a lo largo de la historia. La inquietud de de Santo Tomás, la nada de Pascal, la melancolía de Burton, la angustia de Kierkegaard o el hastío de Baudelaire, que es el auténtico culpable de la elección del mal. ¿Hacemos el mal por aburrimiento?

Aceptar, aceptarse, vivir de forma natural, contemplativa, en paz. Vaya, ser y estar como una col, o como un monje budista. Tampoco, ¿no? Lo ideal sería aburrirse lo suficiente para activar la motivación, para vivir experiencias, para divertirse, pero no tanto como para desestabilizarse, hacer locuras y meterse en graves problemas.

Cuando somos conscientes del paso del tiempo, nos hacemos tantas preguntas… ¿O será el aburrimiento?

Autora: annacarrera.com

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