¿Por qué escribir?

Leer, escuchar, sentir, pensar, indagar, abrirse, vérselas con uno mismo… y liberarse.

Escribir es el acto de contar, de recordar, de analizar, de plasmarlo, y reordenarlo y adornarlo y compartirlo… Y finalmente, temer. Lo difícil es lidiar con ese miedo, con el temor de no llegar a emocionar a quien te lee. Lo deseable es aportar algo nuevo, y sobre todo, llegar a establecer un vínculo emocional.

Siento lo mismo que cuando aprendí a cantar. Independientemente de mi voz, de mi timbre, tuve que trabajar, escuchar, y cantar, con conciencia, y escucharme, y mejorar… hasta que un día pude soportar mi voz, y a veces, incluso me gustó.

Creo que escribir es el mismo proceso. Haber leído y seguir leyendo. Percibir, observar, estar atento a lo que te conmueve, te sorprende, o te inspira, para reflexionar sobre ello y trabajar, escribir, leerte y mejorar… hasta que un día te atreves a ofrecerlo.

Sin embargo, hay algo distinto entre cantar y escribir. Cuando canto, o cantaba, me siento observada, y pienso que me juzgan, y no sólo por mi voz… Cuando escribo, no existe ese miedo escénico tan terrible, que me desconcentra, que me puede hacer errar, y avergonzarme. Lo escrito se itera en la intimidad, a solas, sin observadores, hasta que te sientes mínimamente satisfecha de la honestidad y la claridad de lo que quieres ofrecer.

Si tanto leemos… ¿Por qué no escribimos? Escribir no es hablar. Son códigos distintos. Requiere aprendizaje. ¿Por qué aprendemos caligrafía y ortografía, pero no aprendemos a escribir? La comunicación es una necesidad vital. Pero también ayuda a reestructurarnos, a explicitar lo que nos desborda, a abstraer, analizar, investigar, conciliar…

¿Sabes qué? Escribir es hacer música, con melodía, tono, silencios y compás. Eso sí, no existen imágenes. Esas las pones tú.

Autora: annacarrera.com

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